Núcleo II: Imágenes.

Primera parte: Nuestra relación habitual con las imágenes.

El modo en el que vemos o, más bien, en el que miramos las imágenes y el Arte, es como representaciones que transmiten información, como obras estéticas (obras expecionales o de arte), o como proyecciones de algo externo, como por ejemplo su autor.

Desglosando las distintas concepciones, afirmamos que las representaciones que transmiten información pueden ser:

– Descriptivas (en las que busco información): son imágenes, en especial fotografías, que “copian” la realidad, imágenes que representan cosas re-creadas (como un personaje antiguo), imágenes que inventan o que cuentan cosas no reales (como las de StarWars, Frankenstein, el Hombre Lobo u otros mitos), etc.

– Representaciones simbólicas: como una bandera, un cuadro o una película. Por ejemplo, en la bandera se recoge de forma alegórica las principales razones de identidad del pueblo al que representa.

– Representaciones comerciales (publicidad)

También solemos observar las imágenes como obras estéticas, a menudo como obras excepcionales, como las obras couyo principal interés es su apariencia visual.

En ellas es común que busquemos algo más que información o representación, que busquemos belleza o Arte. En el Arte puedo explicar formas bellas, un colorido expecional, etc.

– Una imagen puede ser también una proyección de algo externo, como, por ejemplo, su autor, una idea, etc.
En las imágenes de este tipo lo que buscamos es esa “huella”, ese “rastro” que no se encuentra en la propia imagen, como el las obras de Goya, donde estampa todo su carácter y energía.

Sea cual sea el tipo de imagen, pensamos que podremos decodificar su contenido si conocemos datos oportunos que nos ayuden a ello, si bien la cosa va mucho más allá. Las imágenes son representaciones muy complejas que jamás podríamos decodificar por completo aún teniendo la información oportuna.

Segunda Parte: Lo que las imágenes parecen y no son (nuestra compleja relación con ellas)

Debemos comenzar indicando que no hay una mirada o una representación objetiva, sencillamente porque no hay una realidad objetiva. Lo que existe es una realidad construída, mediada por el lenguaje (por ejemplo, recordemos que el concepto de nieve ara nosotros es sólo uno, los esquimales la definen con muchas palabras distíntas. Una mísma realidad para ellos supone muchas “subrealidades” distintas).

La realidad está también mediada por muchos conceptos e ideas y por uno de los mediadores más peligrosos: las imágenes, ya que vemos a través de ellas, por lo que éstas acaban siendo la realidad.

El hombre tiene una relación con la realidad sistémica y compleja, convirtiéndose según lo requiera la situación en un ser natural, social, cultural y, sobre todo, individual.

Construímos la realidad desde nuestro presente, ya que la realidad es inseparable de nuestra mirada, de cada uno de los espectadores que la miran, y construímos esa realidad mediante interacciones.

Sin embargo, no debemos pensar que la realidad es “objetiva” y mensurable, no siquiera respecto a aquéllo que se puede medir, como por ejemplo, el tiempo. éste es una invención del hombre para darle sentido a su vida.

Por eso, podemos afirmar que la única realidad que existe es la que nosotros mísmos construímos por nosotros mísmos. Aunque podamos creer que conocemos la realidad, la conocemos a través de interpretaciones. Los datos objetivos, por sí sólos, no nos dicen nada, aunque sí son necesarios. Por ejemplo, la Revolución Francesa estalló en 1789 por sí sóla no nos dice nada.
Por eso, ni la más fiel de las representaciones es la realidad; sólo es un fragmento de ésa que hemos seleccionado y que presentamos de determinada manera.

Así, al analizar una imagen, podríamos decir que no hay un sólo significado correcto, sino tantos como personas analicen la imagen, ya que para persona la realidad será distínta.
Además, las imágenes artísticas también son mucho más que simples imágenes. Por eso, cuando un autor se proyecta, hay mucho más que una simple proyección del yo.

Tercera Parte: Las imágenes construyen una cierta realidad y me construyen a mí.

Las imágenes no sólo representan y nos cuentan cosas. También nos representan a nosotros haciéndonos formar parte de un sistema de narraciones e historias. Por ejemplo, las imágenes han ido cambiando la concepción de la mujer a lo largo de la historia, y eso nos afecta a todos.

Por ejemplo, al contemplar a un Cristo, no es lo mísmo verlo en un Altar resucitado mostrándose poderoso ante nosotros, que verlo muerto ante nosotros, mostrándose como algo inerte por debajo de nosotros.

De esta forma, el sujeto es construído por las imágenes y otros relatos de la sociedad y la cultura, pasando a formar parte del mundo de las imágenes, convirtiéndose el mísmo en una.

Las imágenes son parte del diálogo que establecemos con la realidad, mediante el que la vemos, y mediante el que llegamos a ser realidad.

En esa relación con las imágenes no sólo relaciona nuestro cerebro, sino nuestro cuerpo entero. Así por ejemplo, en la pornografía el espectador pasa a interaccionar corporalmente con las imágenes, sin haber separación entre lo que ve y su cuerpo, convirtiéndose en parte de la acción.


Cuarta Parte: Vivimos en una sociedad del espectáculo

Como bien dice el título, vivimos en una sociedad dode lo que realmente interesa es el espectáculo. Como muestra, decir que hay grandes físicos y astrónomos que no conoce nadie, mientras que todos hemos oído hablar de Belén Esteban o de Penélope Cruz.

La televisión ejerce un inmenso control sobre nuestras vidas. El poder de decidir qué se emite, qué sale en pantalla, es un poder inmenso hoy día.

Todo se hace pensando en el posible espectáculo, como ocurrió, por desgracia en los atentados del 11-S en Nueva York, cuyos autores buscaban salir en televisión, o como aquéllos hombres que hicieron una masacre en una escuela rusa simplemente para alcanzar fama.

Siempre hay alguien grabando, por lo que cualquier cosa, por insignificante que sea, puede perdurar y pasar a formar parte del imaginario de la humanidad para siempre.

Quinta Parte: Mi papel en la narración y en la construcción de la realidad.

Un hecho tan normal como una boda o un funeral, está lleno de rituales culturales y de estereotipos, muchos de ellos icónicos. Vivimos en una realidad de imágenes y narraciones en la que siempre estamos actuando.

Sin embargo algunos de los peligros que entrañan el Arte y las imágenes son: la naturalización, la ideología y los contenidos no evidentes o la estetización simplista.

También se suele usar el emotivismo para narrar una historia, manipulando al público para llevárselos a su terreno sin que se den ni cuenta.
También resulta peligroso la aceptación de estereotipos creados y difundidos interesadamente.

Así, en una sociedad en la que en todo momento estamos en contacto con los demás individuos, es peligroso ser inventado por los otros o por las circunstancias y dejar de existir como sujeto único e irreductible.

Por eso, debemos mirar más allá de las apariencias, poniendo si fuera necesario todo en cuestión. Separarnos para ver y apropiarnos del discurso sobre las imágenes y la realidad.

Tenemos que tomar la voz en nuestra narración, situarnos ante los grandes temas, problemas y dilemas. El pensamiento artístico real es una maravilla.

El Arte no representa. Revela. Hace visible. Supone cualquier oportunidad de tener voz, de poseer la construcción de nuestra historia…

En resumen, de poder ser en realidad lo que nosotros queremos ser, no lo que quieran los demás.

MAPA CONCEPTUAL DEL NÚCLEO:

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